10 febrero, 2010

El opio del pueblo

La mayoría de las naciones latinoamericanas son católicas, lo ha sido desde su concepción, teniendo la Iglesia mucho poder sobre el destino de estas naciones, donde su opinión es “sagrada” al momento de crear las leyes, de tomar una posición sobre cualquier tema de orden público y determinar lo que va acorde con las buenas costumbres. Pero, ¿cuál es el propósito este gran poder que ha acumulado a través de los siglos?

La religión Católica, así como las demás religiones, promueve valores necesarios para la vida en sociedad. Sin embargo, la subordinación de una nación al dogma de una u otra religión es perjudicial para su desarrollo.

La visión e interpretación distorsionada del catolicismo ha hecho de la Iglesia una aliada del gobierno, propósitos sobre el cual sólo puedo especular. Lo que no se puede negar es que han conseguido implantar un sistema muy efectivo de control de masas, declarando descaradamente tener la verdad absoluta sobre la existencia. No se tolera ninguna otra creencia.

A través de la violencia, la superstición, la discriminación, la intolerancia, y sobre todo el miedo, han logrado convertirse en unos temibles dictadores espirituales, ante los cuales se arriesga no la vida, sino la eternidad.

Su gran influencia subyuga a las autoridades de estos países, que deben mantenerla contenta para no perder el apoyo del pueblo que la sigue ciegamente, y sabemos que estos gobiernos están conformados por una élite que trabaja no por los intereses de la toda la sociedad, sino del grupo selecto que la manipula.

La Iglesia es protagonista de este sistema, donde se busca cada vez más poder y más riquezas a costas del incauto, y la estrategia es la misma, mantener naciones de ignorantes, obstaculizando el desarrollo de un pensamiento crítico, que es la mayor amenaza al propósito de vida cuidadosamente diseñado para nosotros.

Basta observar cómo nos mantienen creyendo en una serie de mitos, de cuentos de hadas que la ciencia ha refutado una y otra vez, que simbólicamente pueden ser interpretados y aprovechados, pero no, es la palabra de Dios, es literal y cuidado con pensar. Es triste ver a una persona adulta con todas sus facultades mentales negar la evolución a favor de Adán y Eva, y por supuesto la culebra que habla y convence de comer manzana, que por cierto es un fruto muy beneficioso para la salud. Inconcebible el cuestionamiento de su fe mal fundada, prueba del control que tiene la organización sobre nuestras mentes.

Y es aquí donde yace el peligro de la religión y su mala interpretación para las sociedades, en la incapacidad que crea en el individuo para cuestionar el sistema, y es un sistema que no funciona, que crea pobreza, que crea crimen y sufrimiento, que crea superficialidad, materialismo, insatisfacción, soledad y vacío. Obstaculiza la evolución de nuestras leyes e instituciones, de nuestra forma de vida, porque la realidad es que resulta más provechoso mantenernos exactamente donde estamos, enfrentándonos unos a otros constantemente en todo ámbito social, en vez de apoyarnos entre nosotros.

No es una coincidencia que Latinoamérica se encuentre en semejante estancamiento económico en comparación a las otras regiones del mundo, e inclusive un retroceso social donde da miedo caminar libremente por nuestro vecindario.

Tenemos que contrarrestar el efecto de estas organizaciones, tenemos que educarnos para poder quitarnos las vendas de los ojos y poder ver el mundo e interpretarlo con una visión propia, buscar nuestras propias verdades, hay que cuestionarlo TODO. La fe es algo positivo, necesario para el individuo y las personas que lo rodean, pero la fe genuina, la práctica de una espiritualidad auténtica, es el fruto de una búsqueda personal, no de la imposición de una religión que ha sido trastornada y convertida en el opio del pueblo.

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